Decir que una empresa como Dialcom Networks se dedica a desarrollar software para el mercado de la comunicación y la colaboración unificada puede dejar frío a más de uno. La actividad quizá se entienda mejor con algunos casos prácticos. Por ejemplo, explica Javier Marín, el responsable de Marketing y Ventas, CC.OO. se ha ahorrado mucho tiempo y dinero con las aplicaciones de software para vídeo colaboración desarrolladas por Dialcom. El sindicato ha implantado recientemente esta solución para reuniones virtuales, con lo que los responsables de la central se han ahorrado más de un 25% en los desplazamientos de sus responsables a Latinoamérica y otros destinos de Europa.
El sistema financiero, la sanidad, la educación y las instituciones públicas son sectores a los que ya ha llegado alguno de los productos tecnológicos desarrollados por Dialcom. Estas soluciones permiten a los profesionales comunicarse y trabajar a distancia en tiempo real sin incurrir en costes. De ahí que, aunque no sea políticamente correcto, Marín diga "bendita crisis" al hablar de la situación y el desarrollo de la empresa aragonesa: porque la mala situación económica, que está obligando a las compañías a recortar gastos y agudizar el ingenio, beneficiará a Dialcom, que ofrece tecnología que facilita el trabajo sin presencia física.
La firma aragonesa se creó en 2000. Dos de los socios fundadores, Enrique Domínguez y Marcelo Martínez, venían ya del mundo de la comunicación e Internet. Desde el primer momento -explica Marín, el tercer socio de la empresa aragonesa- quisieron volcarse en este nicho de actividad tan especializado. "Nos centramos en el mercado de comunicación y colaboración -apunta- cuando ni siquiera se llamaba así".
La entrada en 2004 de socios inversores les permitió afrontar su expansión internacional. En este momento, Dialcom tiene sede comercial en Madrid y filiales en EE.UU. y Alemania, aparte de oficinas comerciales con distribuidores preferentes en Brasil, Italia, Gran Bretaña, Dinamarca y Singapur. Aunque su laboratorio de I+D sigue estando en Zaragoza. Desde la céntrica calle Alfonso, y con vistas a la basílica del Pilar, 40 ingenieros desarrollan los productos que están instalados en corporaciones e instituciones de países de medio mundo.